¡Échenle ganas!

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El papa Francisco tuvo un encuentro con las familias en Chiapas en donde habló del amor verdadero y nos invitó a “seguir echándole ganas”.

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.- Las bendiciones del Papa Francisco continúan. Sus palabras, ahora desde Chiapas, llegan una vez más a sacarnos lágrimas, ponernos chinita la piel y hacernos reflexionar. Esta vez su mensaje fue acerca de la familia.

A las cuatro de la tarde del día de hoy, 15 de febrero, el Papa llegó al Estadio “Víctor Manuel Reyna” en Tuxtla Gutiérrez para celebrar un encuentro con familias. Para escucharlas, rezar con ellos, platicar y darles una sonrisa afectuosa junto con palabras de ánimo.

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El Papa Francisco en el encuentro con las familias en Chiapas. //Foto: @conelpapa

Al aterrizar el helicóptero su santidad fue recibido con gran alegría por las autoridades de Chiapas. En el estadio los rostros, cansados por el sol, se iluminaron ante la noticia de la llegada tan esperada del papa. Las porras eran incesantes, pero se intensificaron aún más cuando se subió al papamóvil y entró saludando y dando su bendición.

Monseñor Fabio Martínez Castilla, arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, le dio la bienvenida al sumo pontífice, dándole las gracias por su visita y pidiéndole que nos hable de los sueños de Dios sobre la familia. Acto seguido, pasaron a darle regalos niñas vestidas de trajes tradicionales de Chiapas.

Fueron pocas las familias que subieron al escenario a contarle su historia al papa y recibir un cálido abrazo. Monseñor Francisco Javier Chavolla presentó a la familia Morales Montoya. Su hijo Manuel, de 14 años, ha tenido una discapacidad desde que tenía cinco años. No puede caminar, por lo que se mueve en silla de ruedas. Manuel, con la voz quebrada por la emoción y una sonrisa afectuosa, le compartió al papa Francisco su historia, y dijo que su familia solía pelearse mucho, hasta que encontró a Dios. El papa, conmovido, se levantó de su silla y fue a darle un abrazo a toda la familia. La mamá de Manuel no pudo evitar llorar.

Después fue el turno de la familia Hernández Bravo. Los padres recientemente cumplieron cincuenta años de casados, y su hijo le dijo alpaapa que él ha aprendido a amar a Dios y a cultivar su fe a partir de lo que le han enseñado en su casa. Sabe que tiene el deber de transmitir la fe a sus hijos. Dijo que es parte de un pueblo que sufre a causa de bajos salarios y altos precios, pero que no por eso dejará de dar testimonio de Dios.

Humberto y Claudia Gómez son una pareja de divorciados y vueltos a casar. Ellos saben que no pueden recibir la comunión, pero se han dado cuenta de que pueden hacer mucho bien. Se han dedicado a atender a enfermos y pobres en su comunidad, están muy al pendiente de lo que se necesite en su parroquia y Claudia es voluntaria en la guardería de un penal.

En ese momento el papa bajó las escaleras y se acercó a la gente. Acercaron a un niño que venía en silla de ruedas y el pontífice le dio la bendición. Una vez más nos da testimonio del Evangelio, haciendo vivas las palabras de Jesús: “los últimos serán los primeros”.

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El Papa con un gesto cariñoso abraza a una niña en Chiapas. // Foto: @conelpapa

La última familia en pasar a contar su historia fue la de Beatriz Muñoz Hernández, una madre soltera, enfermera, originaria de México. Ella le contó al papa Francisco cómo su infancia fue marcada por la pobreza y la violencia por lo que estando muy joven optó por caminos equivocados y quedó embarazada.

Contó que como enfermera ha tenido muchas oportunidades de abortar, pero jamás lo ha hecho. Ella cuenta que a partir de que se encontró con Dios ha encontrado la fuerza. Le pidió a su santidad su bendición y mucha oración por las mujeres que se encuentran en situaciones parecidas a la suya, para que jamás opten por decisiones que aparentan ser más fáciles y atenten contra la vida y la familia.

Se leyó el Evangelio en el que se relata el primer milagro de Jesús, por intercesión de su madre, en las Bodas de Caná. El papa se levantó y se dirigió a la gente de Chiapas, con dulzura y cariño.

Le dijo a Manuel que le había gustado mucho cómo él sabía que ante los problemas debía “echarle ganas”. Dijo que el Padre nunca se cansa de echarle ganas, “porque no sabe hacer otra cosa. Él sabe echarnos ganas, ¿por qué? Porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es entrega, su nombre es misericordia… Él es capaz de sanar nuestros corazones e invitarnos una y otra vez, setenta veces siete, a volver a empezar. Él es capaz de hacer nuevas todas las cosas”. El papa Francisco nos invitó a todos a siempre echarle ganas.

También dijo que la “precariedad no sólo amenaza al estómago, sino que puede amenazar el alma” y que “el aislamiento siempre es un mal consejero (…) es una polilla que nos va secando el alma”.

Les habló a Humberto y Claudia y les dijo: “ustedes se animaron, ustedes rezan, ustedes están con Jesús, ustedes están integrados en la vida de la iglesia, comulgamos con el hermanos débil, el enfermo, el necesitado. Gracias”.

Bromeó diciendo: “¿Qué marido y qué mujer no se pelean? ¡Más cuando se mete la suegra!”, lo cual provocó risas entre la multitud. También habló de cómo hoy en día la idea de familia se ve amenazada.

“Hoy en día vemos y vivimos por distintos frentes cómo la familia está siendo debilitada, cómo está siendo cuestionada. Cómo se cree que es un modelo que ya pasó y que ya no tiene espacio en nuestras sociedades. Y que bajo la pretensión de la modernidad propician cada vez más un modelo basado en el aislamiento. Se dicen sociedades libres, democráticas, soberanas, se van inoculando colonizaciones ideológicas que la destruyen y terminamos siendo colonias de ideologías destructoras de las familias, del núcleo de las familias que son la base de toda sociedad.

Es cierto, vivir en familia no siempre es fácil, muchas veces es doloroso y fatigoso, pero creo que se puede aplicar a la familia lo que más de una vez he referido a la Iglesia: prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una sociedad enferma por el encierro y la comodidad del miedo a amar. Prefiero una familia que una y otra vez intenta volver a empezar a una sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort.

“¿Cuántos chicos tenis? ‘No, no tenemos, porque nos gusta salir de vacaciones, ir al turismo, quiero comprarme una quinta y el lujo y el confort’ y cuando quieres tener un hijo, ya se te pasó la hora. Qué daño nos hace eso”.

En la familia hay que tener paciencia, amor, hay que saber perdonarse. “‘Padre, una familia perfecta, nunca discute’ Eso es mentira, está bien que de vez en cuando discutan y que vuele algún plato, está bien. No tengan miedo. El único consejo es que nunca terminen el día sin hacer la paz. Porque si terminan el día en guerra van a amanecer ya en guerra fría, y la guerra fría es muy peligrosa”.

Comparó el matrimonio con las arrugas. Dijo que éstas son señal de que hemos vivido. Dijo que “la vida matrimonial debe renovarse todos los días. Como dije antes, prefiero familias arrugadas pero unidas. Con cicatrices pero que siguen andando. Porque esas heridas, esas cicatrices, esas arrugas, son fruto de la fidelidad de un amor que no siempre les fue fácil. El amor no es fácil. Pero es lo más lindo que un hombre y una mujer se pueden dar entre sí, el verdadero amor para toda la vida”.

Al terminar, se cantó el Padre Nuestro y el papa invitó a todos a rezarle a la Virgen y a San José. Hubo un momento de silencio en el que los casados renovaron sus promesas matrimoniales y los novios pidieron a Dios una buena familia.

Pidió a todos que no se olviden de rezar por él. Con el sonar de las marimbas el papa se subió al papamóvil y se dirigió al aeropuerto de Tuxtla.

 María Bolio Benítez

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