Vivarium: la vida sustentable en una chinampa

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El cabello de Gerardo ya es completamente blanco y más largo que el promedio del de los hombres de esa edad. Sus manos, aunque ya aparentan largos años de vida, no dejan de estar fuertes y de recoger los frutos de los árboles que él mismo ha cultivado. Aquí todo es verde y lleno de vida, los árboles florecen, los pájaros cantan y reposan sobre los techos que se han construido con residuos orgánicos secos, lodo y paja. Pareciera ser un oasis de vida en medio de un desierto, que -aunque también tiene plantas y agua- no deja de ser opaco, un lugar abandonado, lleno de hierba, basura e indiferencia de aquellos encargados de proteger la Reserva Ecológica de Xochimilco.

En los alrededores, hay otras personas que –gracias a las enseñanzas de expertos chinamperos- han aprendido a ayudar en diversas actividades; algunos a la recolecta de frutos o a arar la tierra; otros, a limpiar las cosechas y a construir pequeños cuartos, y el resto, a sembrar. Cada persona en este paraíso alejado de la ciudad se dedica a cumplir sus tareas.

Este oasis en medio de la reserva natural de Xochimilco es Vivarium. Se trata de una chinampa que el sociólogo Gerardo Rubio y el bioquímico Moises Vidales han adaptado para producir y vender alimentos tanto de origen animal como vegetal. Aquí se procura del ecosistema, se innova en métodos no industrializados de cultivo y además de todo es auto-sustentable.

“El fin es renovar y contribuir a la naturaleza que tantos recursos nos ha brindado. Además de que esto trae consigo excelentes resultados, de los cuales podemos alimentar y nutrir a nuestro cuerpo que tan acostumbrado está a vivir y desarrollarse en un medio anti-natural y contaminado”, afirmó Danilo Placencia, socio de una de las sucursales de Ojo de Agua, restaurante al que Vivarium provee de alimentos.

La vida que descubrieron nuestros antepasados

Una chinampa es un método de agricultura que apareció hace más de 4 mil años en Mesoamérica. Empleado especialmente por los mexicas, este invento permitió la expansión territorial sobre la superficie de lagos y lagunas, haciendo posible el cultivo de verduras y hortalizas para el autoconsumo, o bien, el comercio dentro de la misma zona. De manera tal que para el siglo 16, época de mayor auge chinampero, los lagos de Xochimilco, Anáhuac y Tláhuac, -exceptuando los canales de navegación y las áreas de construcción- estaban repletos de estas tierras.

Actualmente, el método de agricultura chinampero es reconocido internacionalmente como uno de los mejores. Esto se debe a que –a diferencia del método industrializado- la tierra nunca se vuelve infértil, pues la misma milpa de la chinampa va regenerando los minerales necesarios para nuevas plantaciones. No obstante, muchos chinamperos han abandonado este oficio.

“Ni el desarrollo de la urbanización en el Distrito Federal ni la estructura económica del país favorecen la permanencia de las actividades agrícolas en Xochimilco. Las familias de agricultores simplemente han tenido que dedicarse a otra cosa; muchos encuentran mejores expectativas en otras actividades”, menciona la escritora María Eugenia Terrones en su libro A La Orilla del Agua.

Sin embargo, Vivarium ha permanecido en pie desde hace 10 años. Teniendo en mente un proyecto de bienestar humano, el sociólogo Gerardo Rubio y el bioquímico Moises Vidales compraron una chinampa que utilizarían para hacer Permacultura, un método de agricultura basado en la vida auto-sustentable y la producción permanente, libre de químicos. Con el tiempo, este proyecto regresaría a los orígenes de la cultura chinampera e implementaría una nueva forma de consumo.

Xochimilco, la tierra que no deja de ser fértil

Xochimilco es una de las 16 delegaciones de la Ciudad de México. Está ubicada al sureste de la capital mexicana; cuenta con una superficie de 122 kilómetros cuadrados y gran parte de esta es una reserva natural. Pese a haber sido un paraíso frondo en el pasado, hoy es aquejado por diversos problemas: la contaminación del agua, la pérdida de humedad, el exceso de salinidad en los canales, la delincuencia, el crecimiento exponencial de la urbanización y demás, lo han convertido en una zona en decadencia.

Pese estos obstáculos, la gente en Vivarium ha encontrado más de una solución para enfrentar los inconvenientes que se puedan presentar. Por ejemplo, el lirio es utilizado como filtro natural del agua –originalmente contaminada con metales y químicos- que nutre a la chinampa y a los animales, como vacas, cerdos y pollos. Con este y otros mecanismos, se logran productos 100 por ciento orgánicos que desde el agua de la que se nutren hasta su alimento –ya sean plantas, insectos o animales de la misma chinampa- son totalmente libres de químicos y contaminantes.

 Además de que los residuos orgánicos de estos animales no afectan el terreno, por el contrario, sus heces son empleadas para enriquecer el suelo, volverlo fértil y apto para la producción de nuevas plantaciones.

“Buscamos utilizar todo aquello que pareciera ser inservible. No queremos generar basura innecesaria o utilizar ciertas cosas ajenas al bioma natural. El chiste es respetar en cuanto nos sea posible la naturalidad del lugar”, aclaró Juan Solo, bioquímico especializado en el bioma de Xochimilco y trabajador de Vivarium.

Vivarium, la vida y comercio autosustentable

Aparte de las producciones, que por sí solas no permitirían que el proyecto corriera en números verdes, Vivarium también ha implementado terapias, cursos de introducción a la agricultura urbana, enseñanzas acerca de cómo crear un cultivo en tu propia casa, y educación ecológica, todo girando en torno al bienestar humano y del medio ambiente.

Así pues, carne, miel y vegetales que se obtienen de Vivarium son vendidos día con día en restaurantes y supermercados enfocados en el consumo orgánico. Por ahora, se han abierto camino en el mercado, sin embargo, la trayectoria por recorrer aún es larga.

“Actualmente, los productos orgánicos, son para un nicho muy específico. Son vistos como algo hippie e innecesario. Y es que es un hecho que un tomate orgánico va ser más costoso que un tomate industrializado, pero es por todos los procesos que hay detrás de lo orgánico. Aún no existe la cultura de que lo orgánico es lo más natural, lo más saludable. Y es por eso que productoras como Vivarium, solo encuentran camino en el mercado de empresas y restaurantes como el mío, que promueve este tipo de productos”, mencionó Andrea Belmont, dueña de la cafetería orgánica, Café Vida.

Montserrat Arratia, Ivelisse Beguerisse, Shirley Reyna y Mariela Pardinas

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