Hasta pronto, Claudio Ranieri

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Claudio Ranieri logró lo que parecía imposible. El mundo del futbol moderno ofrece pocas sorpresas en lo referente a campeonatos. Un puñado de equipos, con recursos millonarios en sus arcas y jugadores famosos en su nómina, son los encargados de, año con año, levantar la copa, ya sea en competiciones domesticas o internacionales.

Pero hay ocasiones donde conjuntos chicos, de plantillas regulares y poco presupuesto, consiguen triunfar sobre los gigantes de la élite. Donde David vence a Goliat. El corazón y la determinación derrotan al dinero. La épica y la poesía se conjugan en 11 jugadores, mediáticamente mediocres, que hacen la hombrada y manipulan lo imposible.

El año pasado, Claudio Ranieri ganó la Premier League con el modesto Leicester City, un equipo supuestamente destinado a luchar siempre por el no descenso. Vencieron a monstruos futbolísticos como el Manchester City, el Chelsea, el Arsenal o el Manchester United. Su juego fue vistoso, apasionante y heroico. Su grandiosa historia de triunfo le dio la vuelta al mundo, hinchando el corazón de los aficionados al futbol.

Lamentablemente, lo bueno también llega a su fin y la semana pasada, Claudio Ranieri fue despedido del club. Después de una idílica primera temporada enfrente de los “Foxes”, Ranieri perdió el control del su equipo y los fantasmas de fracaso que lo han acompañado durante gran parte de su carrera lo volvieron a acechar.

El juego vistoso que les ayudó a cosechar el título de campeones se fue oxidando paulatinamente hasta desvanecerse por completo. Los grandes jugadores de la campaña anterior, como Jaime Vardy y Riyad Mahrez dejaron de ser los líderes del equipo, perdiendo su técnica.

La defensa, antes inexpugnable y segura, se diluyó a un conjunto lento y torpe, y así fue como, en el actual torneo, han concedido 44 anotaciones frente a solo 27 goles anotados.

Con sendas derrotas, el combinado se ubica en la posición 15 de la tabla, a dos puntos de los puestos de descenso, con un balance de 6 victorias, 14 derrotas y 6 empates.

Aún es incierto el futuro profesional del técnico italiano | Imagen: Mundo Deportivo

El Leicester, desesperado y humillado, necesitaba un cambio y un chivo expiatorio. Ranieri fue el sacrificado por el dueño del equipo, el millonario tailandés Vichai Srivaddhanaprabha.

La carrera del entrenador italiano puede compararse con una montaña rusa. Ha sido una travesía marcada por frustraciones, destituciones pero también grandes éxitos.

Con el Valencia vivió algunos de sus mejores momentos a finales de la década de los 90, ganando una Copa del Rey y una Europa League. Su llegada después al Atlético de Madrid fue para olvidar, debido a que, bajo su tutela, el equipo español descendió a la segunda división.

Sus siguientes aventuras futbolísticas mantuvieron una tónica desalentadora con despidos, mientras entrenaba a la Juve, la Roma, el Inter de Milán y la selección de Grecia.

Su llegada al Leicester en 2015 apenas acaparó atención. El equipo, recién ascendido, no tenía nombres interesantes y las expectativas eran negativas con respecto a su desarrollo en el torneo. Ranieri, conocedor de lo mejor y lo peor del futbol, supo hacer que esa escuadra se sintiera grande.

El futbol profesional es un negocio, y por ello, los equipos dependen de los resultados actuales y no del pasado. El despido de Ranieri responde a una situación insostenible del Leicester y al intento por evitar una hecatombe de mayores dimensiones, como sería el descenso.

El futbol puede ser cruel, pero siempre es realista. Ahora, es tiempo de Ranieri descanse y medite en lo que viene.

Santiago Díaz-Dopazo

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