Fuente: unomásuno

El poder del arbitraje

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El fin de semana pasado el futbol mexicano hizo historia. En un suceso con tintes surrealistas, los árbitros encargados de pitar la jornada 10 se negaron a realizar su trabajo y, organizados en forma de huelga, exigieron que la Federación de Futbol Mexicano (FMF), cumpliera con el reglamento a la hora de administrar castigos a los jugadores.

Todo el revuelo fue ocasionado por las sanciones que les dieron, en un primer momento, al jugador del América, Pablo Aguilar y al del Toluca, Enrique Triverio. Durante los partidos de Copa MX de la semana anterior, Aguilar le dio un cabezazo al árbitro Fernando Hernández, mientras que Triverio dio un fuerte empujón al silbante Miguel Ángel Flores.

Estos actos, que fueron catalogados en las actas arbitrales escritas al final del partido como “agresiones”, tuvieron otra interpretación por parte de la Comisión Disciplinaria de la FMF. La sentencia dada por esta comisión fue de solo 6 partidos de castigo, al considerar los incidentes como meros “intentos de agresión”.

La Asociación Mexicana de Árbitros (AMA), estupefactos por la decisión de la Federación, decidió tomar medidas extremas. Negándose a pitar, la Liga MX fue suspendida, causando una crisis que se solucionó con varias reuniones de emergencia donde participaron los dirigentes de la AMA, de la FMF y los dueños de los equipos de futbol afectados por el paro.

Finalmente, la Comisión Disciplinaria dio su brazo a torcer y los jugadores Aguilar y Triverio fueron sancionados con una interrupción de un año de cualquier actividad deportiva.

La Federación Mexicana de Futbol dio a conocer su postura ante los medios | Fuente: Liga Bancomer MX

A pesar de toda la expectación que causó la huelga, no es la primera vez que el futbol mexicano se ve suspenso por una situación de este tipo. En la temporada 78-79 ocurrió algo parecido. En la penúltima jornada, en un duelo entre los equipos de Leones Negros y Veracruz, con la gente ya acomodada en sus lugares y con todo preparado para el pitazo inicial, los árbitros no se presentaron al inmueble, ocasionando la cancelación del compromiso.

Esta abrupta decisión se debió al despido de Javier Arriaga y Guillermo Fernández, como presidentes de la Comisión Disciplinaria y la FMF, respectivamente. También los silbantes se manifestaban por el castigo dado al jugador de Monterrey, Ignacio Santos, que había agredido de manera pública al gremio arbitral.

Las implicaciones de aquella huelga fueron más amplias, ya que los de negro se negaron a pitar inclusive en juegos de segunda y tercera división, ocasionando un cese definitivo de la actividad futbolística nacional, lo que tuvo millonarias consecuencias económicas.

Al final, la problemática se resolvió con la FMF asegurando un mejor trato para los silbantes, el respeto de su autonomía y la promesa de emitir sanciones de mayor dureza para los jugadores.

Este tipo de huelgas no es un fenómeno exclusivamente mexicano y se ha visto otros casos en el panorama mundial. La Liga Argentina y la MLS estadunidense han tenido sus conflictos.

El año pasado, los colegiados de la nación sudamericana se negaron a realizar su trabajo como respuesta a la brutal golpiza que recibió el árbitro Claudio Elrichi en un partido de segunda división por parte de jugadores, cuerpo técnico y aficionados del equipo Sarmiento de Ayacucho.

Mientras que, en Estados Unidos, en el año de 2014, la MLS tuvo que empezar su temporada sin árbitros oficiales ya que estos no pudieron llegar a un acuerdo de trabajo. Para sortear este impedimento, la MLS tuvo que contratar a silbantes suplentes, muchos de ellos ya retirados.

Santiago Díaz-Dopazo

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