Eduardo García: del sueño americano al éxito en México

El chef mexicano comenzó su trayectoria como inmigrante ilegal en Estados Unidos, y hoy es dueño de uno de los restaurantes más reconocidos de la Ciudad de México.

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Entre el caos matutino de la colonia Roma, un edificio negro en la esquina de Tonalá y Zacatecas aparentar dormitar. Su acera está vacía y parece que ni un comensal disfruta de algún platillo. No obstante, cuando uno se acerca, es evidente que el lugar tiene un caos propio por dentro.

El Máximo Bistrot no duerme, sino que se prepara arduamente para la hora de recibir a sus comensales. Hay gritos que salen de la cocina sucedidos de un empleado que sigue las instrucciones que se le dieron. En un efímero silencio se escucha una voz fuerte que le dice a otro: “el dinero no lo es todo, la felicidad…” y se hunde en el ruido de una batidora.

El origen de esas palabras son las del dueño del restaurante, Eduardo García. Él es uno de los chefs más reconocidos en la Ciudad de México, pero su llegada a la cocina no es la que uno esperaría.

Todo inició con una difícil travesía que cambiaría el resto de su vida a la corta edad de 5 años. Viajó junto con su familia a Estados Unidos de manera ilegal para trabajar junto con su padre en el campo.

“Mi papá vivió en Estados Unidos desde los últimos años de los 70 y él trabajaba en el campo pizcando fruta y verdura”, comenzó a narrar el hombre de casi 40 años. “Nosotros solo vivimos en la parte este (de Estados Unidos)”

El joven mexicano de dio sus primeros pasos en el mundo de la gastronomía, pero sin saber lo que iba a hallar, a sus 14 años. Su prioridad fue encontrar una manera de sobrevivir en la vida de un inmigrante ilegal de muy corta edad.

“Cuando me metí a lo de la cocina fue por necesidad, o sea por buscar un trabajo, no por querer ser como un cocinero reconocido”, confesó. Su primer trabajo fue como lavaplatos en un restaurante de Atlanta y poco a poco fue ascendiendo de puesto hasta llegar a ser el encargado de un área entera del restaurante francés llamado Brasserie Le Coze, del chef Eric Ripert.

Uno de los golpes más fuertes para aquellos que dejan atrás su tierra es el choque entre una cultura y la otra, pero ese no fue el caso del entonces joven García. Al echar su mirada hacia el suelo, recuerda que sus inicios en la cocina también lo adentraron en la cultura estadounidense. Sus compañeros lo introdujeron a las canciones de bandas como Nirvana y Led Zeppelin, que discrepaban de los corridos y la música norteña a los que estaba acostumbrado.

“Fíjate que yo en Estados Unidos pude mezclarme muy bien con la sociedad. Como siempre trabajé, pues empecé a conocer esta cultura”, explicó García. “Yo no tuve nunca este tema como de exclusión o de racismo”.

El menú del Máximo Bistrot se renueva diariamente, pruébalo en Tonalá #133 | Fuente: Facebook oficial

Según platica, su ánimo por trabajar y sobresalir entre los demás también influyó en su camino para obtener un lugar en el país norteamericano. Eduardo considera que la manera de ser aceptado por sus compañeros era demostrarles lo que era capaz de hacer laboralmente.

“La verdad es que a mí nunca me interesó esto (la gastronomía) como algo que iba a hacer toda la vida. Más bien, yo creo que llegó un momento en el que no quería ser como cualquiera. Siempre quise sobresalir y no ser una persona que recibe órdenes, sino también dar órdenes”, prosiguió el cocinero.

A pesar de la buena racha que comenzó a mantener, el chef encontró caminos rocosos durante su travesía. La elección de amistades relacionadas con las pandillas lo dejaron en prisión durante casi 4 años.

“Como que yo iba muy derecho y empecé a tomar las curvas”, explicó García.

Tras cumplir su pena, fue deportado del territorio estadounidense y llegó a un México que no había visto en años y poco reconocía. La opción más viable era mudarse a la Ciudad de México, pero se negó; desde joven había escuchado opiniones negativas de la capital.

“A pesar de que yo sabía que aquí (en la Ciudad de México) era donde podía sobresalir, o más bien encontrar trabajo, cuando llegué a México lo primero que hice es que hui del país. Tenía un poco de dinero ahorrado y hui a Canadá, pero me deportaron (…). Salí del avión, me dijeron: ‘tú no puedes entrar a Canadá’ y me regresé; fui a Los Cabos a buscar trabajo”, relató el ahora habitante de la Ciudad de México.

En ese destino turístico, Eduardo no logró encontrar ofertas de trabajo que le dieran un buen estilo de vida, por lo que decidió mudarse a Puerto Vallarta. Después de dos meses en un trabajo que le desagradaba y una pobre alimentación que lo hizo terminar en el hospital dos ocasiones, se resignó. El hombre originario de Acámbaro, Guanajuato, terminó en la Ciudad de México.

“Lo que hice fue que me metí a internet y googleé así: ‘mejor chef de     México’, ‘mejor restaurante’; y para todo salía Pujol, el de Enrique Olvera. Entonces me vine, le llamé, me dijo ‘vente mañana’, me entrevistó, me dio trabajo y trabajé con él tres años, como jefe de cocina”, puntualizó el también dueño de los restaurantes Lalo! y Havre 77 en la capital de México.

García recuerda que poco a poco se fue enamorando de la ciudad donde encontró nuevos caminos. Durante el tiempo que trabajó con el chef Olvera, conoció a su esposa, Gabriela García. Junto con ella, dio inició a un proyecto cuyo éxito fue una sorpresa para ambos: el restaurante Máximo Bistrot.

Su historia difiere del típico sueño americano, bien conocido por la población latinoamericana. Él pone en duda si realmente es necesario que uno tenga que salir de su país para triunfar.

“Yo creo que sí, en todos los países del mundo se puede lograr un sueño, no creo que sea un sueño nada más americano, ¿si me entiendes? (…) yo creo que es un sueño que tú puedes hacer realidad donde estés”, finalizó.

Eduardo y Gabriela García se conocieron en la cocina y hoy son dueños de su propio restaurante | Fuente: Facebook oficial

Elizabeth Téliz

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