Crédito: Lizbeth Padilla

Voluntarios de la UP visitan a familiares de Álvaro Obregón 286

Estudiantes de distintas carreras de la UP se volcaron en los esfuerzos de apoyo a los damnificados por el sismo del 19-S.

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Alejandra Narváez es brigadista desde hace cinco años. Con su casco bajo el brazo y uniformada con un chaleco naranja, se dirigió con determinación hacia la zona acordonada que rodeaba al edificio derrumbado en Álvaro Obregón 286, a causa del terremoto de magnitud 7.1 del pasado 19 de septiembre.

El inmueble, ubicado en la colonia Condesa, cubría una superficie aproximada de 2 mil 400 metros cuadrados. Estaba constituido por seis niveles, de los cuales, los tres superiores sufrieron un colapso total a raíz del sismo.

Alrededor de la “zona cero”, las familias de los aún desaparecidos se preparaban para una noche más.

“La gente, a pesar de que ya lleva más de una semana esperando noticias o ayudando, sigue ahí. Y sigue ahí con toda la actitud. Noté ese espíritu de apoyo, de solidaridad”, afirmó Alejandra.

La joven universitaria, estudiante de Ingeniería e Innovación en la Universidad Panamericana, se dedicó a repartir, acompañada de dos voluntarias, varios productos de despensa entre los familiares.

Crédito: Julia Turner

Desde el temblor que sacudió el centro de México, el país ha visto surgir de entre sus escombros múltiples muestras de solidaridad. Desde cadenas humanas hasta tamales gratis, los voluntarios han puesto en marcha su creatividad para apoyar a los más afectados por el terremoto.

Los jóvenes han respondido en masa ante el desastre, y los alumnos de la Universidad Panamericana no fueron la excepción. Aun el mismo día del terremoto, el número de voluntarios de esta institución alcanzó la cifra de 400.

“La UP convocó a los voluntarios que deseaban ayudar en todas las zonas en las que se vieron afectados edificios que colapsaron y donde quedó gente atrapada. Lo que hacíamos era tener un inventario de lo que se necesitaba, conseguirlo y llevarlo”, dijo Yazmín Mendoza, coordinadora de proyecto sociales de la universidad.

Alejandra caminó entre las familias, regalando palabras de ánimo. Sin embargo, la desesperación era palpable.

“El mal olor, el frío, el silencio interrumpido solamente por el ruido de las máquinas… Todo se siente demasiado tenso”, aseguró Montse Pachur, voluntaria de la Universidad Panamericana.

Sin embargo, los esfuerzos no se detienen.

“Es muy importante que el trabajo en equipo fluya y que cada quien sienta que su trabajo importa. Todo el tiempo la gente está trabajando, con la firme convicción de hacer bien su trabajo. Son los héroes que no traen capa”, continuó Yazmín.

Crédito: Julia Turner

El equipo de voluntarios de la Universidad Panamericana aprovechó la visita para platicar con los familiares y escucharlos. Alejandra estaba especialmente conmovida con la manera en la que reaccionaban a las muestras de apoyo: “Lo que más necesitan los familiares en este momento es ese cariño que todos podemos darles. Con cualquier cosa que podamos ayudarles, ellos lo reciben y lo aceptan de la mejor manera posible”.

Hasta la noche del 1 de octubre, se habían recuperado 41 cuerpos y se contabilizaban 8 desaparecidos, cuya búsqueda continuaba.

Julia Turner

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