Si las palabras golpean, las imágenes de cada tiroteo han sido desgarradoras. | Fuente: Facebook USA Today

Los tiroteos, un azote de Estados Unidos

Los tiroteos en Estados Unidos han sido una constante en la historia moderna de los Estados Unidos. La facilidad de conseguir armas y la fragilidad emocional de muchos americanos han detonado en macabras matanzas.

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Estados Unidos se encuentra de luto. La nación por antonomasia de la democracia y el multiculturalismo, es igualmente un lugar donde la violencia se hace presente a diario, a tal punto que más de 30 mil personas mueren al año por armas de fuego, en promedio, más de 80 por día.

En un país donde portar una pistola es un derecho constitucional y donde hay más armas de fuego que personas, las masacres se han vuelto una situación recurrente dentro la historia moderna del país de las barras y las estrellas.

El domingo pasado, 58 personas fallecieron en Las Vegas. Mientras pasaban una velada, en un concierto de música country al aire libre, un hombre de 64 años los miraba desde el piso 32 del hotel Mandala Bay. Stephen Paddock, desde su suite, acribilló a los asistentes del evento musical, causando la mayor masacre de Estados Unidos. No se trata de un caso aislado.

En 1999, los estudiantes de preparatoria, Eric Harris y Dylan Klevold, armados hasta los dientes, asesinaron a 12 estudiantes y a un maestro en la preparatoria Columbine, de Colorado. Su atentando fue planeado con antelación de manera fría y ejecutado de forma precisa. Algunas hipótesis sitúan las causas de esta matanza a que los homicidas tuvieron una vida académica opacada por episodios de acoso por parte de sus otros compañeros y a la supuesta influencia de la adicción a videojuegos violentos. Los dos atacantes, después de intercambiar fuego con fuerzas policiacas, se suicidaron. Tenían 18 años.

Seung-Hui Cho, de 23 años, mató a 32 personas en la Universidad de Virginia Tech en 2007. Rencoroso de una sociedad que siempre lo consideró un extranjero y de la cual recibió burlas debido a su mala pronunciación del inglés y su extrema timidez, su respuesta fue tomar dos pistolas semi automáticas y asesinar a sus compañeros universitarios. Solitario, depresivo y lleno de resentimiento por rechazos amorosos, Cho también se quitó la vida antes de las que las autoridades pudieran capturarlo.

La matanza en la escuela primaria de Sandy Hook, en 2012, elevó el grado de brutalidad a niveles inconcebibles. 26 personas fallecieron, entre ellos, 7 adultos y 18 niños. El asesino fue un joven solitario y adicto a los videojuegos llamado Adam Lanza, de 20 años. La investigación nunca encontró la causa que impulsó al homicida a disparar en contra de niños. Una hipótesis que tuvo cierto peso, pero que se abandonó, fue la posibilidad de que el trastorno que tenía Adam, el Síndrome de Asperger, una especie de autismo, hubiera ocasionado su reacción violenta. El homicida se quitó la vida al final.

Recientemente, en 2016, la discoteca gay “Pulse”, ubicada en Orlando, se convirtió en un infierno. Omar Mateen, ciudadano estadunidense y musulmán fundamentalista, entró al local de entretenimiento y comenzó a disparar de manera indiscriminada en contra de los presentes. En total, 49 personas fallecieron. El Estado Islámico reivindicó el ataque, pero la hipótesis de mayor peso es que se trató de un crimen orillado por la homofobia radical sentida por el atacante. Omar fue abatido por la policía; el suicidio dentro de la religión musulmana es pecado y solo es concebible cuando se tiene un fin sagrado, como el ser un “mártir”.

A pesar de todos estos episodios que han cimbrado a la sociedad estadounidense, la regulación de las armas a nivel federal es un tema blindado. Después de lo ocurrido en Las Vegas, los miembros republicanos del Congreso, consideraron que no era oportuno hablar sobre restricciones en armas en este momento.

Santiago Díaz-Dopazo 

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