Reyes sin trono

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No tengo trono ni reina
Ni nadie que me comprenda
Pero sigo siendo el rey”

José Alfredo Jiménez

La canción de José Alfredo Jiménez, El Rey, es una de las piezas musicales más exitosas y más representativas en nuestra sociedad mexicana. Esta canción se transmite de generación en generación; la mayoría de los mexicanos la hemos escuchado y cantado con gran euforia, nos identificamos con la letra; como adolescente la escuché muchas veces, porque mi abuelo era fan de José Alfredo Jiménez: cada vez que escucho esta canción, recuerdo a mi abuelo ya fallecido. El éxito de José Alfredo Jiménez es describir el sueño de muchos mexicanos: ser reyes sin tener nada. Hemos escuchado en repetidas ocasiones la satisfacción que le da a la gente pensar en ganar dinero sin trabajar; muchos admiran ese método de tener cosas sin esforzarnos. Son este tipo de canciones las que nos han creado una imagen del mexicano flojo que solo busca pasársela bien, sin preocupaciones, tomando alcohol todo el día. El problema es que el ideal o esa imagen del mexicano, sí está presente en muchos; identifican la felicidad con la mediocridad.

Esta canción seguirá penetrando en nuestra sociedad porque aunque parezca ridícula, la letra describe perfectamente la mediocridad presente en México. Cuando hablo de México soy el primero en incluirme. Lo más impresionante es cómo nos enorgullecemos del famoso “ingenio mexicano”, el mexicano sí es muy ingenioso, pero de nada sirve utilizar ese ingenio para resolver algo con el menor esfuerzo posible. El “ingenio mexicano” debe ser una herramienta para hacer las cosas con gran calidad, no para hacer las cosas con el menor esfuerzo. Hace falta a través de la educación enseñar que las cosas no se hacen solo para que sean terminadas, sino para que estén bien terminadas; con esa educación nos ahorraríamos las carreteras que tenemos, las calles llenas de hoyos, el sistema jurídico que nos rige, etc.

Los políticos son los máximos representantes de esta idea de terminar las cosas lo más rápido para sufrir menos y conseguir un beneficio de ello: como mexicanos no nos podemos quejar de los políticos si nosotros hacemos lo mismo. Debo admitir que, como estudiante, sobre todo en mi adolescencia, muchas veces busqué eso, conseguir buenas calificaciones con el mínimo esfuerzo. Trato de rectificarme para hacer las cosas bien, pero por eso no me quejo de los políticos. El día que logre dar lo máximo de mí para obtener los mejores resultados, seré el primero en exigirles a los demás que hagan lo mismo; lo que sí puedo exigir es que mínimo luchen, porque yo sí lucho por no caer en esa mediocridad.

Recapitulando la canción del rey, les pregunto a cada uno de ustedes ¿Puede existir un rey que no tenga nada y sea feliz? Es ridículo pensar que una persona sin tener nada y sin esforzarse por nada sea feliz, los exitosos y felices son aquellos que han trabajado arduamente por conseguir sus objetivos en la vida. No me imagino la felicidad como ausencia de sufrimiento, sino la felicidad se consigue a base de sufrimiento. Un rey que no la pase mal por su pueblo y no sacrifique sus cosas por los demás, seguramente será mal rey y en consecuencia será infeliz. El rey sin trono nunca será feliz, porque el rey está hecho para ocupar el trono. Aristóteles era claro en esto, la vida buena solo se consigue a través de la virtud: la virtud solo se consigue con el esfuerzo por adquirir el hábito. Mi intención no es comparar a Aristóteles con José Alfredo Jiménez, mi intención es entender lo ridículo que es esa idea de felicidad como ausencia de sufrimiento; ya que esta idea impera en la cultura mexicana.

Las cosas no andan bien en el país, si uno ve el nivel de educación o la cantidad de libros leídos que promediamos los mexicanos al año, nos podemos dar cuenta que la mayoría de los mexicanos somos mediocres. Nos conformamos con resultados inferiores, digo esto porque en México se permiten y se toleran a los reyes sin trono; la flojera, la ignorancia son perdonadas y toleradas. La mediocridad es la causa de la tolerancia hacia el flojo, ignorante y corrupto: no solo la tolerancia, también la justificación hacia estos mismos.

No tengo nada en contra de José Alfredo Jiménez, al contrario lo admiro mucho, crecí con muchas de sus canciones, hasta la fecha admiro su gran voz. El problema no es con José Alfredo Jiménez y una canción que promueve la mediocridad, el problema es en general con la cultura del entretenimiento en México, como pasa en la música, pasa en la televisión, cine, noticieros, periódicos.

La selección mexicana de futbol, es un claro ejemplo de mediocridad en la cultura del entretenimiento. Después de cada torneo importante nos decepcionan, pero al cabo de unos meses otra vez estamos los mexicanos admirando a la selección y justificando sus errores pasados. Como ya había mencionado, en el párrafo anterior, nos conformamos con resultados inferiores, pierden 7-0 contra Chile, todo México se enoja pero al siguiente partido en el Azteca, se ve el estadio lleno, la única forma de castigar su mediocridad es quitándoles los ingresos a los que manejan el fútbol: no ir al estadio, no ver el partido en la televisión. Otro ejemplo de nuestra cultura del entretenimiento son nuestras series de televisión o telenovelas de muy baja calidad. Desde chico odié Televisa, mi mamá veía las telenovelas, yo crecí viendo algunas telenovelas hasta que me di cuenta de la falta de creatividad y la baja calidad en ellas. Existe la capacidad de hacer series de televisión con mejor nivel, pero las televisoras se conforman con lo que tienen, porque es más fácil de hacer y siguen recibiendo su recompensa. Gracias a la nueva competencia se han visto obligados a mejorar, así funcionamos muchas veces: tenemos que esperar un extremo para buscar esforzarnos y cambiar las cosas.

Para terminar, en México muchos quieren ser reyes sin trono, nuestra cultura está impregnada de esta idea de que la felicidad está en el no esforzarnos y que cada quien haga lo que quiera para pasársela bien. “Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”. Hasta nos enorgullecemos por conseguir las cosas sin esfuerzo y nos atrevemos a exaltar al “ingenio mexicano”. Mientras cada quien busque hacer lo que quiera para pasársela bien, la cultura de la mediocridad no terminará y como país seguiremos dando la impresión de mediocridad, si no cambiamos siempre seremos reyes sin trono.

Juan Carlos Puebla Pavlovich

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