Fuente: Sitio Oficial

Carne y arena: en los pies de un migrante

Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezki presentan una experiencia de realidad virtual que narra la vida de los migrantes rumbo a Estados Unidos.

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El pasar de los coches afuera del Centro Cultural Universitario de Tlatelolco es lo único que se escucha. La rapidez de los autos deja una brisa detrás de cada uno que abraza fríamente a los transeúntes al caminar por la mañana. En la puerta, una mujer uniformada recibe a los visitantes que llegan sin saber qué esperar.

Son las 8:30 horas y la exhibición se ve desierta; un sentimiento de estar fuera de lugar poco a poco se incrusta en uno. ¿Y los demás? No se ve más gente por ningún lado, a pesar de que los boletos se esfuman en cuestión de minutos cada vez que el sistema abre para ofrecer las entradas. Lo único que otorga compañía es el silbido de unos cuantos pájaros que observan lo que pasa desde arriba.

–¿Viene a Carne y arena? Subiendo las escaleras en el edificio de ventanas negras, por favor–, indica la mujer que imprime los boletos de entrada. En los escalones, un estruendo deja caer un golpe en el estómago. Al alzar la mirada hacia el edificio de la exhibición, se nota que el escándalo se debe al tronar de la estructura. Esta se estremece durante unos segundos y de la nada… estática.

La escena se repite en unos cuantos minutos; lo único que permanece quieto todo el tiempo es el muro: lo forman láminas oxidadas de color marrón, indiferentes a lo que ocurre atrás y delante de ellas. Parecen jubiladas, como un viejo que pasó su vida en el trabajo y ahora solo se dedica a enseñar lo aprendido en su vida.

Aquella cerca es un trozo de la que dividía la frontera en Naco, Arizona. La retiraron para reemplazarla por un muro de concreto recientemente. Las láminas son conocidas como alfombras de aterrizaje, pues su material alguna vez fue usado como almohadillas de aterrizaje para helicópteros que operaban en la Guerra de Vietnam.

La ironía de su destino es que hoy no le impiden el paso a nadie, sino que se lo abren a quien quiera ser testigo de lo que ellas vieron alguna vez en la frontera de Estados Unidos. El muro le da la bienvenida a los visitantes de Carne y arena.

En la entrada del centro cultural la llaman exhibición, pero no lo es. Esta es una experiencia. Alejandro González Iñárritu, su creador, hace que los visitantes se adentren en la realidad de millones de personas que arriesgan su integridad en el desierto al buscar una mejor vida. La gente se convierte en el miembro de un grupo de migrantes durante su travesía por el desierto en camino a la frontera.

Fotografía de Carne y arena capturada por Emmanuel Lubezki | Imagen: Facebook oficial de CCU Tlatelolco

Un corazón dividido en dos: U.S. (nosotros) y T.H.E.M. (ellos), está en la pared del alto y oscuro cuarto en donde uno se sienta a esperar su turno. Cada visitante debe entrar solo, pues es una experiencia completamente personal. Las palabras del reconocido director mexicano introducen a los participantes en la realidad que están a punto de experimentar.

El objetivo es convertir a aquellos que son estadísticas, ante el ojo del mundo, en seres humanos. La narrativa de González Iñárritu, que toma forma por el trabajo del galardonado fotógrafo Emmanuel Lubezki, se presenta con el uso de la tecnología de realidad virtual. Así las historias reales de los migrantes envuelven a los testigos de sus travesías. El recorrido virtual tiene una duración de seis minutos que parecen extenderse indefinidamente y no son aptos para cualquier tipo de público.

El trabajo de los dos colaboradores ha sido reconocido a nivel mundial. La Academia de Hollywood incluso otorgará un Óscar especial a Carne y arena. La entrega es en reconocimiento del trabajo de Iñárritu y Lubezki que fue denominado por John Bailey, presidente de la Academia, como una experiencia narrativa visionaria y poderosa. Asimismo en un comunicado dijo que ambos mexicanos han introducido una nueva perspectiva cinematográfica.

Al final del trayecto, el “chivo” Lubezki presenta a los migrantes cuyas historias fueron la base de la narrativa. Cada uno relata su trayecto a Estados Unidos. Permanecen serios, pero no de manera en la que uno no se vuelve ajeno.

Su mirada fija en los ojos de cada visitante hace que el público se ve inmerso en su experiencia. Pronto, la historia de aquellos mexicanos y centroamericanos deja de ser únicamente de ellos. Esa historia ahora es del visitante en turno, del anterior, del siguiente, del que está escondido ahora en los matorrales en el desierto, del que fue atrapado por “la migra” y del que apenas considera huir de su país. Iñárritu y Lubezki hacen que las historias de millones se convierte en una misma, en Carne y arena.

Más sobre Carne y arena

Los boletos de Carne y arena pueden comprarse en línea aquí cada lunes a partir de las 9:00 horas. El costo de los boletos es de $150 para estudiantes y $300 para el público en general. No es apta para menores de 18 años, personas con claustrofobia, afecciones cardiacas, antecedentes de convulsiones, epilepsia o sensibilidad a las luces intermitente. Es importante llegar 30 minutos antes de la cita agendada.

Elizabeth Téliz Martínez

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