Cisma sangriento

El mundo árabe se encuentra dividido en dos facciones con diferencias religiosas e ideológicas marcadas que son origen de muchos de los conflictos que han manchado de sangre al Medio Oriente. Esta diferencia se vislumbra  en la manera distinta de profesar su creado por parte de los musulmanes chiíes y suníes.

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El mundo árabe se encuentra dividido en dos facciones con diferencias religiosas e ideológicas marcadas que son origen de muchos de los conflictos que han manchado de sangre al Medio Oriente. Esta diferencia se vislumbra  en la manera distinta de profesar su creado por parte de los musulmanes chiíes y suníes.

Este cisma comenzó con la muerte del profeta Mahoma. Sus seguidores, a raíz de este suceso, comenzaron a discutir sobre quién debía ser el sucesor del gran Profeta. Para una facción, los chiitas,  el único sucesor legítimo era Ali ib Talib, primo de Mahoma.

La otra gran facción disidente, los suníes, consideraban que la sucesión debía darse con los compañeros del Profeta, aquellos que lo habían apoyado desde el principio; es por ello que apoyaban al califa Abu Bakr y al grupo aristocrático de los “Omeyas”, radicados en la Meca. También, además de ser fieles al libro sagrado, el Corán, mantienen dentro de su dogma la obediencia a la Sunna, enseñanzas de Mahoma transmitida por la tradición oral.

Estas dos facciones lucharon en los años siguientes a la muerte del profeta, en varias guerras civiles, en donde murieron Ali y sus dos hijos, Hasan y Husein, mismos que se convirtieron en mártires para los chiitas.

Actualmente, esta división religiosa ha influido en el mapa geopolítico del Medio Oriente. Los sunníes, que representan el 85 por ciento de los musulmanes el mundo, tienen sus bastiones en países como Arabia Saudí, Egipto, Jordania o los Emiratos Árabes Unidos.

Por el otro lado, los centros de influencia y de población musulmana chiita, el 10 por ciento de los musulmanes, se encuentran en Irán, Irak, Siria y Líbano. No es casualidad que Irán y Líbano, a través de la Guardia Revolucionaria y del partido político militar Hezbóla, respectivamente, hayan apoyado con soldados, armas y dinero al régimen de Bachar Al-Asad en Siria, de acuerdo a la revista “Estrategia Global”.

Los dos grupos pugnan por la influencia política en la región. Irán y Arabia Saudita, los dos países de mayor poder, se encuentran inmersos en varios de los conflictos más recientes que han asolado la región, como la guerra en Yemen, en Siria o en Irak.

Los chiíes han sido históricamente objetivos de discriminación y violencia por parte de los suníes, que los consideran herejes. Los grupos terroristas como el Estado Islámico y Al Qaeda piensan de la misma manera y muchos de sus ataques más mortíferos han sido perpetrados en contra de poblaciones chiitas, especialmente en Irak.

La división religiosa, que tiene un enorme elemento político, tiene dos grandes titanes. Irán, liderados por el ayatola Jomeini y Arabia Saudí, con la monarquía del rey Salman. Estos dos países a través de jugadas estratégicas, luchan por el apoyo de socios necesarios para su prominencia regional, específicamente Estados Unidos y la Unión Europea.

El conflicto, tan añejo como la misma religión musulmana, se encuentra muy lejos de tener una solución. La religión y la política deciden la vida de millones de personas en esa región de desierto y petróleo.

Santiago Díaz-Dopazo 

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