El feminismo en Hollywood: un tema que divide

Movimientos como #TimesUp y #MeToo han acaparado los reflectores y puesto temas como el acoso sexual y la inequidad de sueldos sobre la mesa.

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Pese a la fortaleza inicial que mostró la más reciente ola feminista en Hollywood, en las últimas semanas también ha sido blanco de críticas que la califican como extremista, hipócrita e inclusive “puritana”.

Como la mayoría de los escándalos y revueltas de los últimos años, los movimientos feministas más famosos han surgido en redes sociales, identificados principalmente con los siguientes hashtags: #AskHerMore (2016), #MeToo (2017) y #TimesUp (2018).

Los más promocionados por las actrices y activistas de Hollywood han sido #MeToo y #TimesUp, así que de ellos se desprenden las mayores contradicciones.

Aunque el movimiento #MeToo nació en 1996, tras ser creado por la activista Tarana Burke ante un caso de violación infantil, fue popularizado en 2017 por la actriz Alyssa Milano.

Ella hizo una invitación, por medio de Twitter, a todas las víctimas de acoso y abuso sexual a alzar la voz y demandar justicia. En pocos días, las publicaciones con este hashtag llegaron a los 12 millones.

Pese a que en un principio este movimiento pareció recibir un apoyo público unánime, el 9 de enero de 2018, se publicó en el periódico parisino Le Monde una carta firmada por un centenar de francesas destacadas en la que se quejaban y atacaban la desatada popularidad de #MeToo.

Las mujeres que figuran como partícipes de esta contraposición son intelectuales, actrices y activistas, entre las que sobresale la actriz Catherine Deneuve, reconocida por su participación en más de 100 filmes y nominada a los premios Óscar.

En el manifiesto francés se califica al movimiento como “puritano extremo” y debilitador femenino. Afirma, principalmente, que #MeToo brindaba apoyo a los extremistas religiosos en su deseo de atacar la libertad sexual por la que se ha luchado desde 1960.

Lo acusa también de reflejar públicamente a la mujer como una víctima indefensa, mientras promueve no solo demandas por abuso, sino también la denigración y odio hacia el sexo opuesto. Se lamenta por todos los hombres que fueron avergonzados públicamente y que perdieron sus puestos laborales al cortejar a mujeres que no les correspondían.

Similar a lo anterior, en un artículo del periódico New York Times, la novelista y critica Daphne Merkin comparó a las mujeres detrás de la popularidad de #MeToo a las “amas de casa victorianas”, con el argumento de que la fragilidad y victimización que representaba a la mujer en dicha época no se compara con la fortaleza y valentía de las mujeres que, en la actualidad, en verdad han pasado por acoso y abuso sexual y se animan a enfrentarlo.

Pero #MeToo no ha sido el único movimiento feminista masivo de los últimos meses. En noviembre de 2017, la revista Time publicó una carta enviada por la Alianza Nacional de Campesinas, en la que se denunciaban casos de abuso y acoso sexual hacia las mujeres del campo; esta fue firmada por 700 mil trabajadoras de campo de todo Estados Unidos.

Después de la difusión de dicha misiva, el 1º de enero de 2018 surgió el movimiento #TimesUp. Fue anunciado oficialmente por el periódico The New York Times y secundado en las redes sociales por actrices como Jennifer López, Reese Witherspoon y Natalie Portman.

Fuente: Facebook Emma Watson

Inspirado en la denuncia de las campesinas, la carta de #TimesUp denotaba la inequidad laboral existente en empresas de toda índole, hacía mención de mujeres trabajadoras, tales como mucamas, o inmigrantes, víctimas de abuso o acoso sexual, con el fin de brindarles solidaridad y empatía.

El movimiento después se convirtió en una fundación conformada por 300 mujeres de la empresa del entretenimiento. En la explicación de su actuar, las participantes prometían levantar la voz y luchar en nombre de todas las mujeres discriminadas y abusadas, y llamaban a otras mujeres en posiciones laborales importantes a hacer lo mismo.

#TimesUp se hizo más viral cuando en los premios Golden Globe Awards, la mayoría de los asistentes vistieron de negro para solidarizarse con la causa. Entre las que se sumaron a la medida estuvieron actrices como Eva Longoria, Meryl Streep, America Ferrera y Viola Davis.

No obstante, la actriz Rose McGowan, quien fue una de las primeras actrices en admitir haber sido víctima de los abusos por parte del director Harvey Weinstein, no apoyó el movimiento. A través de Twitter, acusó de falsas a todas las personas implicadas.

“Y ninguna de esas personas vistiendo de negro en honor a nuestras violaciones hubiera levantado un dedo si no hubiera sido así”, respondió por la red social a la actriz Asia Argento cuando la última reconoció su valentía al haber denunciado su caso.

 

Por otro lado, la activista y fundadora del movimiento #MeToo, Tarana Burke, también mostró preocupación por cómo se había deformado su objetivo con el paso de los meses. Admitió, en una entrevista con el periódico The Guardian, que al extenderse el movimiento, se había borrado la diferencia entre asalto y acoso sexual; se había culpado a hombres inocentes y se había perdido la atención hacia las víctimas reales entre tanta publicidad.

Analizando el tema, la especialista en transversalización de la perspectiva de género Diana Erika Ibarra Soto clasificó de relevante el acto de levantar la voz y apoyarse en estructuras sociales que secunden dicho anuncio, pero reconoció que aún hacen falta sanciones hacia los agresores.

La profesora de la Universidad Panamericana afirmó que es necesario borrar el mito de que el feminismo es solo uno: “No hay un solo feminismo, habemos muchas mujeres desde muy diversas perspectivas que luchamos para erradicar el sexismo y la discriminación, pero no estamos unificadas en una sola postura”.

Recalcó el peso del “No es No” como sentencia clave del descontento de una mujer hacia cualquier acto que la agreda, ya que es necesario que se deseche la mentalidad de superioridad que habita en ciertos hombres para que se pueda entender que una mujer no encarna la idea de “espacio público”.

“Mientras más mujeres hablemos de esto y denunciemos, más pronto cambiaremos las estructuras sociales que nos oprimen y justifican un orden desigual”, enfatizó la académica.

Sentenció que el acto de denunciar no convierte a una mujer en feminista, pues este calificativo implica una autoconciencia, reflexión y crítica de las estructuras sociales.

Arantza Ocampo

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