Cuando el deporte es más que un deporte

El deporte, más allá de ser una actividad recreativa, ha sido el medio de grandes proezas históricas de paz, desde la Primera Guerra Mundial, hasta el régimen del apartheid en Sudáfrica.

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Se trata de una enemistad que ha durado más de 60 años. Un conflicto que parecía no tener una solución a la vista pero que, ante la sorpresa de la comunidad internacional, ha tenido un giro que puede significar el principio de la paz: Las dos Coreas han regresado al dialogo.

El contexto de este acercamiento es meramente deportivo. Para los Juegos Olímpicos de Invierno de este año, realizados en Pieonchang, Corea del Sur, el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jung Un, sorprendió al mundo entero al declarar que una delegación deportiva de su país participaría la justa.

El gesto de acercamiento no se redujo a eso y el líder del país comunista envío a su hermana, Kim Yo Jong y al Jefe de Estado protocolario, Kim Jon Nam, a reunirse con el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in. La reunión fue un hito, al ser el mayor signo de acercamiento entre los dos países en décadas. Inclusive, el presidente surcoreano fue invitado a visitar Corean del Norte próximamente, una cortesía impensable hace solo unos meses.

Lo situación anterior muestra que el deporte, además de ser un medio para la recreación y el ejercicio físico y mental, tiene también implicaciones sociales, económicas y políticas. En la historia reciente se han registrado diversos sucesos donde el deporte se ha convertido en el medio para buscar cambios después de que otras opciones hubieran fallado.

La famosa Tregua de Navidad sucedió en diciembre de 1914 durante la Primera Guerra Mundial. En el Frente Occidental tropas alemanas e ingleses, en vísperas de Navidad, depusieron las armas por un día, expresando su humanidad y el hartazgo por la guerra. En la tregua se cantaron villancicos, se enterraron a muertos en combate, se intercambiaron artículos como cigarros y bebidas alcohólicas y se disputó un partido de futbol en el que los alemanes fueron los ganadores, con un resultado favorable de 3-2.

Fuente: Marca

El Estadio de Ciudad Universitaria en la Ciudad de México, durante los Juegos Olímpicos de 1968, fue testigo de uno de los momentos más importantes de la conjunción de la política y el deporte. Los atletas afroamericanos, Tommie Smith y John Carlos, tras ganar la medalla de oro y bronce, respectivamente, hicieron el saludo del “Black Power” en el podio de los ganadores.

Protestaban en contra de la segregación y el racismo sufrido por los afroamericanos en Estados Unidos y también repudiaban la política del apartheid en Sudáfrica. La imagen de los dos deportistas, con sus puños al aire, le dio la vuelta al mundo.

Del otro lado del mundo, Nelson Mandela siempre reconoció el poder del deporte para movilizar a la sociedad. Fue gracias a ello que pudo curar las heridas del apartheid en el país, todo de la mano del rugby. En la Copa del Mundo de esta disciplina, que se celebró en 1995 en Sudáfrica, el equipo nacional llegó a la final del certamen y se enfrentó contra los temidos “All Blacks” de Nueva Zelanda. En un partido rígido e intenso, al final, los locales se impusieron.

Pero la victoria en el campo no fue la mayor proeza. El gran logro fue que una población llena de resentimiento y recelo se unió, sin importar el color de piel ni la posición social, para alentar al equipo de la nación.

Santiago Díaz-Dopazo

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