Los kurdos, un pueblo en busca de un país

Recorrido histórico sobre el conflicto de los kurdos y su búsqueda por la creación de un Estado Independiente.

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Son 30 millones de personas sin Estado, esparcidas por todo el mundo, esperando que algún día su sueño se haga realidad: la creación del Kurdistán independiente.  El anhelado país abarcaría un territorio del tamaño de España que incluye vastas zonas en Turquía, Siria, Irak e Irán y en donde debajo de su suelo, se mueven grandes cantidades de petróleo.

La semana pasada, Turquía comenzó una ofensiva en el norte de Siria en contra del asentamiento kurdo de Afrin. Los peshmerga, combatientes kurdos, fueron una pieza importante para la derrota del Estado Islámico en Siria y tras la derrota del grupo terrorista, se afincaron en el territorio recuperado, lo que Turquía miró con preocupación.

“(La ofensiva es) puro imperialismo turco. No es una actitud defensiva, sino plenamente agresiva. Turquía ha visto cómo la parte kurda de Siria conseguía cierto nivel de autogobierno y quiere abortar dicho proceso. No solo eso, sino que Turquía pretende anexionarse parte de Siria”, comentó KurdisCast, una organización catalana prokurda que pretende sensibilizar a la ciudadanía internacional con el conflicto que afronta este pueblo.

La justificación del gobierno turco para lanzar el ataque militar a Afrin es que el grupo que se encuentra en esa ciudad, las Unidades de Protección Popular, aliadas de Estados Unidos, son un grupo terrorista.

Los kurdos tienen sus orígenes en el pueblo tribal de los medas, que fue coetáneo del reino de Macedonia, en el siglo 8 a.C. y que estuvo afincado en la antigua Tracia, donde se ubica ahora Grecia, Bulgaria y Turquía.

Con la llegada del Imperio Otomano, en el siglo 4 d.C., los medos se vieron fragmentados y dominados por este califato musulmán hasta la finalización de la I Guerra Mundial. Fue después de este conflicto internacional que los kurdos gozaron de una época de autonomía sin precedentes, con  el tratado de Sévres, rubricado en 1920.

Este acuerdo entre el gobierno turco y las fuerzas victoriosas aliadas, despojaba a Turquía- la base del Imperio Otomano- de diversos territorios,  como Armenia y Kurdistán, brindándoles independencia.

Sin embargo, para muchos turcos nacionalistas, liderados por la histórica figura de Mustafá Ataturk, el tratado era una ofensa nacional y tras varios combates, donde los nacionalistas retomaron diversas zonas perdidas, se firmó el tratado de Lausana, en 1923, invalidando el precedente acuerdo y definiendo las fronteras de la Turquía moderna.

Ahora, el pueblo kurdo está dividido. Su mayor zona de influencia se encuentra en el norte de Irak, donde ha logrado establecer una zona autonómica reconocida por el gobierno de Bagdad. Su capital es la ciudad de Erbil y su territorio es considerado como el más seguro y el más desarrollado de Irak, de acuerdo al Ministerio de Economía y Competitividad de España.

La situación es diferente en Turquía, donde los kurdos han sufrido políticas de segregación y represión por parte de la autoridad central. Su idioma esta prohibido y desde la revolución de Ataturk, cualquier tipo de pensamiento independentista o autónomo ha sido acallado con la fuerza.

Debido a la difícil situación de los kurdos en Turquía, en 1979 se fundó el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo). Ideado por Abdullah Ocalan y de corte marxista-leninista, busca la emancipación del pueblo kurdo. En 1984 creo su brazo armado y declaró la guerra al gobierno, con lo que inició un conflicto que ha dejado más de 30 mil muertos.

“A finales del siglo pasado, durante la guerra civil entre Turquía y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un millón de kurdos turcos buscaron refugio en Siria, país que además les concedió asilo político. Actualmente son 2 millones y la República Árabe Siria les concedió la nacionalidad en el año 2011”, describió Alfredo Hurtado, profesional del sector petrolero y analista geopolítico venezolano, con respecto al éxodo que se ha dado de Turquía a Siria.

Aunque en tiempos recientes se han realizado varios esfuerzos para alcanzar paz entre el gobierno central y el PKK, una serie de acontecimientos enturbiaron el dialogo. El año pasado, varios atentados asolaron Turquía, como el coche bomba en la ciudad costera de Esmirna con un saldo de dos muertos. Todos los ataques fueron adjudicados por el gobierno al partido político kurdo, reiniciando la tensión.

“Entre los distintos partidos kurdos también se dan divisiones y traiciones. La República Árabe Siria es un Estado soberano y ninguno de los actores externos e internos tiene derecho alguno de arrancarle parte de su territorio para crear allí una nueva entidad”, añadió  Hurtado, con respecto a la dificultad para conseguir paz en la región.

Santiago Díaz-Dopazo 

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