Foto: Santiago Roberts

Taller Voluntario UP: la experiencia de ayudar

Crónica del Taller Voluntario UP 2018.

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Los primeros rayos de sol sabatino comenzaban a iluminar la fachada de la Universidad Panamericana y dejaban ver a los más de 200 alumnos voluntarios que se preparaban para abordar camiones con rumbo a Jonacatepec, Morelos.

Tras dos horas de viaje, poco antes del mediodía del 10 de marzo, decenas de cuadrillas que forman parte del Taller Voluntario UP llegaron a diferentes casas del poblado de Chalcatzingo para colaborar con la reconstrucción de los hogares afectados por el sismo del pasado 19 de septiembre.

Las actividades que se realizaron fueron resanar, pintar, remover escombros y, lo más importante, convivir con las familias damnificadas.

La cuadrilla número 44, de la cual fui líder, trabajó en la casa de Dora Velázquez. Al llegar, la familia nos recibió con sonrisas y comentarios de agradecimiento.

La habitación más pequeña de la casa es de Doña Dora y su esposo; sin embargo, también funciona como cocina, ahí colocaron un refrigerador y una estufa. La otra recámara, más amplia pero con menor ventilación, es utilizada como bodega, aunque ahí también duermen dos personas.

Luego de charlar durante unos minutos, el equipo comenzó a pintar dos cuartos: uno de blanco y otro de color salmón. Luego de unos minutos, el buen estado de ánimo se contagió a los voluntarios, quienes entre bromas continuaron su labor.

Foto: Alejandro Vivanco

Tras entrar en confianza, dos nietos de Doña Dora de menos de 12 años se ofrecieron para colaborar con los voluntarios. Sin embargo, se optó por que uno de los miembros de la cuadrilla jugara con ellos.

El objetivo del proyecto es atender las diferentes necesidades de los beneficiarios. En este contexto, convivir resulta tan importante como resanar una pared o llevar una despensa.

Durante un breve descanso, en el que grupo y la familia almorzaron juntos, Doña Dora comentó que es muy triste que algunas personas del pueblo se vean forzados a hacer solo dos comidas al día.

Foto: Santiago Roberts

Señaló que ella invita de sus alimentos a sus vecinos para que no se vayan a trabajar con el estómago vacío.

Poco después de las 16:00 horas, la cuadrilla se dirigió a los colegios Montefalco y El Peñón, instituciones hermanas de la UP que prestaron sus instalaciones a los voluntarios para cenar y descansar.

A la mañana siguiente, los universitarios regresaron a las casas que les correspondían para finalizar su trabajo.

Algunos de los equipos que terminaron sus actividades en menos tiempo, acudieron a otras viviendas para apoyar a sus compañeros.

A mediodía, durante poco más de treinta minutos, hasta 20 estudiantes de la UP se encontraban pintando de blanco el cuarto de la hija de Doña Dora.

Tras concluir con la labor, la familia Velázquez agradeció a los integrantes de la cuadrilla 44. Entre bromas y anécdotas, se tuvo la última comida con la familia.

La casa que dos días antes tenía paredes empolvadas y sin pintar, ahora lucía con los colores que los beneficiarios eligieron.

Foto: Alejandro Vivanco

Agotados, pero con buen humor, los voluntarios se reunieron en las afueras del Panteón de Chalcatzingo para abordar los camiones de regreso a la Ciudad de México. Un fin de semana dedicado a ayudar había llegado a terminado.

Sebastián Escárcega

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